LA DIMENSIÓN COMUNITARIA EN LA FORMACIÓN

 

La realidad de los procesos formativos en los seminarios de la Iglesia Católica cuenta este año con nuevas luces, que de manera particular iluminan los caminos para actualizar las formas de entender la formación y los mecanismos más adecuados para realizarla. Se trata, precisamente, de la Nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (RFIS), titulada “El Don de la vocación presbiteral”, publicada el 08 de diciembre de 2.016 y que fue ampliamente reflexionada en la Conferencia Episcopal entre el 6 y el 10 de febrero de este año, cuando todo el episcopado de Colombia y todos los rectores de seminarios diocesanos y religiosos del país se dieron cita para acoger de manos de Mons. Jorge Carlos patrón Wong, secretario ejecutivo de la Congregación para el clero, los pormenores y las indicaciones pertinentes para una mejor comprensión de la misma.

En todo el corpus de dicho documento, se respira un énfasis especial en la VIDA COMUNITARIA.  Desde su introducción, en el numero 3, ya se le asigna como una de las cuatro notas características de la formación: “La presente Ratio Fundamentalis describe el proceso formativo de los sacerdotes, desde los años del Seminario, a partir de cuatro notas características de la formación, que es presentada como única, integral, comunitaria y misionera”.

La comunidad es el ámbito en el que un candidato percibe, escucha y hace consciente el llamado vocacional que el Señor le hace; es el medio en el que se realiza la formación y es la destinataria en la que el vocacionado ya formado dedicará el resto de su vida a servirla.  Es por ello que la nueva Ratio coloca la vida comunitaria en un pedestal especial; en efecto, nos dice el número 50: “Una sana pedagogía formativa debe prestar atención a la experiencia y a las dinámicas de grupo, en las cuales el seminarista participa. La vida comunitaria, durante los años de la formación inicial, debe incidir en cada individuo, purificando sus intenciones y transformando su conducta en una gradual conformación con Cristo. En la vida diaria, la formación se realiza mediante las relaciones interpersonales, los momentos para compartir y de interpelación, que contribuyen al desarrollo del "humus humano", sobre el cual, concretamente, madura una vocación”.

 

Es en este contexto donde se evidencia la importancia de consolidar mucho más, en la formación del seminario, la dimensión eclesiológica, donde el seminarista pueda hacerse consciente que el “sujeto de la misión es la comunidad” y que solamente en la comunidad y desde la comunidad se podrá verificar en el mañana un sacerdocio fecundo y una misión auténtica.

Se hace necesario pensar, además, que dentro de los procesos de formación permanente, se requiere una gran consciencia de la vida comunitaria como elemento esencial de realización humana, cristiana y presbiteral. En efecto, en una percepción de lo que acontece en los diferentes presbiterios del país, se hace evidente la necesidad de consolidar la consciencia de que vivimos y respiramos nuestra identidad presbiteral, solo desde la fraternidad sacramental que imprime en nosotros el Presbiterado recibido… y eso hay que formarlo en, y desde, los seminarios. A este respecto nos dice la RFIS numero 90: “El seminarista será llamado, por medio del sacramento del Orden, a reunir en la unidad y a presidir el pueblo de Dios… La formación para el sacerdocio, por tanto, debe desarrollarse dentro de un clima comunitario que favorezca las actitudes propias para la vida y el ministerio presbiteral. La vida comunitaria en el Seminario constituye el contexto más adecuado para la formación de una verdadera FRATERNIDAD PRESBITERAL…”

Todo este presupuesto, iluminado por la nueva Ratio, evidencia con mayor fuerza los retos en la formación que el seminario Intermisional quiere realizar en sus seminaristas, toda vez que se pueden percibir varias dificultades en algunos candidatos en lo que respecta a la dimensión comunitaria:

·      problemáticas familiares profundas y delicadas;

·      la limitación para percibir la dimensión teológica de la comunidad, como consecuencia de una falta de experiencia cristológica;

·      seminaristas que viven como rueda sueltas en el contexto comunitario  y sin preocuparse de ello;

·      poco sentido de pertenencia al presbiterio, al obispo o al seminario,

·      posibilidad de relaciones fraternas inmersas en la incomunicación,

·      presencia de chismes, comentarios de pasillo y críticas carentes de caridad;

·      la falta de confianza entre seminaristas o con los formadores;

·      incapacidad de la corrección fraterna, falta de responsabilidad y solidaridad, entre otras.

Es por todo esto, que nuestra casa de formación ha venido trabajando a lo largo de este año un proyecto formativo titulado “Seminario: casa y escuela de comunión”, en el que se ha colocado todo el empeño en fortalecer el ámbito eclesiológico trabajando todas las posibilidades que el seminario proporciona: La formación impartida en las precomunidades y pequeñas comunidades, fomentando la cercanía y el conocimiento mutuo a través del diálogo formativo; con los actos de reconciliación que en diferentes ceremonias litúrgicas se desarrollan en este año dedicado precisamente a la reconciliación; en un acercamiento más esmerado a la realidad familiar de los seminaristas; mejorando espacios del seminario, como  la cafetería,  para que siendo más acogedores inviten de alguna manera al encuentro comunitario; y en otras oportunidades impulsando este tema en retiros espirituales y conferencias de obispos, sacerdotes y laicos experimentados en el tema.

Creo que también en el ámbito del tema tratado en este artículo, de tinte eclesiológico, resulta pertinente subrayar realidades y acontecimientos que hacen viva la presencia de la Iglesia como la Comunidad Madre en la que todos nos encontramos como hermanos: los cuidados y oraciones de los que hemos sido objeto de tantos benefactores: en primer lugar de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y FUNDACOMISIO, que son nuestros referentes, orientadores y animadores; de aquellos de quienes hemos recibido un apoyo importante en el sostenimiento: POSPA, ADVENIAT, KIRCHE IN NOT y La Conferencia de Obispos de Estados Unidos; agradecemos también a PROSA, el Grupo de Amigos del Seminario y demás benefactores particulares que con sus aportes hacen posible esta obra de Dios.

Hoy de manera especial, los invitaría a elevar una oración de acción de gracias por la DIÓCESIS DE SONSÓN RIONEGRO, que de manera abnegada, con un gran espíritu misionero y comunión fraterna entre iglesias, este año cumple TREINTA AÑOS facilitando el equipo de sacerdotes que desde entonces se han hecho cargo de la formación y la conducción del seminario.  Ha sido un reto para la diócesis hacer un aporte a la Iglesia misionera colombiana, dejando su huella en tantos sacerdotes que hoy en día ejercen su ministerio sacerdotal a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Agradecer a tantos sacerdotes de la diócesis que han dejado trozos de su vida en esta obra de Dios, de los cuales, algunos de ellos, ya han partido a la eternidad.

Dios los bendiga a todos ustedes por ser parte de nuestra familia.

FUENTE: DOXA 1 (2017) pp. 5-9.

 

 

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