Colaboradores

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA DOXA 2015

 

"Vida Consagrada en nuestro Seminario: Evangelio, Profecía y Esperanza"

 

Desde las cuatro de la mañana, en el frío de Bogotá, una luz se adelanta a la del nuevo día en el Seminario: esa luz viene del oratorio de las hermanas y de la cocina en la que ya huele a tinto, porque comienza una nueva jornada para las Siervas de la Iglesia y para las niñas que les ayudan. Todo un día de pie trabajando, levantando pesadas ollas, lavando y planchando ropa, haciendo mil cosas, con una sonrisa en el rostro; ahí están las hermanas.

 

Estas mujeres que cambiaron espejo, maquillaje, pestañina, tinturas, secador y plancha para el cabello, por una Biblia y un rosario; lima de uñas, barniz, crema de manos, por ásperas esponjas y cepillos, detergentes y jabones; ropa de moda, perfumes, títulos humanos y una vida social llena de encanto por un sencillo hábito blanco, la soledad de una cocina, de un lavadero y el calor malsano de una mesa de planchado. Ellas sí saben al pie de la letra que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos 20,35)

 

«Muchos pueden preguntarse cómo ellas en un trabajo tan sencillo y duro pueden sentirse felices y realizadas»[1], decía su fundador para presentarnos su secreto: «Todo esto lo han conseguido con la oración, porque en estos encuentros personales con Cristo junto al  Sagrario, en la soledad de su cocina, han dialogado con el AMIGO DIVINO, han recibido el peso de su amor, han experimentado su ternura y cada día se han decidido más por Él»[2].

 

Las siervas de la Iglesia son una comunidad que nació en la Diócesis de Sonsón –Rionegro (Antioquia); «fueron creadas canónicamente el 30 de mayo de 1971 por Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo; su carisma es el servicio a la Iglesia en la persona de los sacerdotes y de los pobres»[3]. Desde que la Diócesis de Sonsón – Rionegro asumió, en el año 1987, la dirección del Seminario Intermisional San Luis Beltrán, ellas han estado presentes con su servicio generoso en la oración, en la preparación de los alimentos y en todos los oficios que corresponden a una madre de familia en una casa, para sustentar a los sacerdotes y seminaristas.

 

En este año de la vida consagrada[4], el Seminario quiere agradecerle de todo corazón a las hermanas Lucero Murillo, Luzmila Ríos, a la Madre Libia Gallo –quien las ha enviado a trabajar aquí- y a todas las Siervas de la Iglesia que han vivido el Evangelio en esta casa de formación, porque son para todos nosotros un modelo de entrega total que todos los días nos hace pensar en María, la humilde Sierva del Señor.

 

Pbro. Leonel Acosta Zuluaga

 

 

 


[1] A. Duque, Vida y obra de Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, 165.

[2]Ibíd., 165.

[3] J. Aristizábal, Huellas de una Iglesia, 119.

[4]El año dedicado a la Vida Consagrada se inició 30 de noviembre de 2014 por convocatoria del Santo Padre Francisco y se extenderá hasta el 2 de febrero del 2016.

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